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jueves, 6 de agosto de 2015

Texto leído en la presentación de Ligarás tu corazón con el mío el 29 de Junio de 2015 en “Puán”, glosarios y demás consideraciones











































por Rodrigo Arreyes



1

En la adultez hay pruebas constantes de que las impresiones de la infancia están presentes. No sabemos hasta qué etapa de la vida y en qué medida la visión del niño persistirá en el pensamiento del adulto. Dice Joaquim Nabuco en Minha formação, al recordar el ingenio azucarero con personas esclavizadas donde nació, que allí comenzó a formarse la convicción que lo llevaría a ser una de las voces políticas de la abolición de la esclavitud en Brasil. Traduzco una valiosa frase de Nabuco: “El trazo total de la vida es, para muchos, un dibujo del niño olvidado por el hombre, al que se unirá por siempre sin saberlo”.
La idea de esta traducción de poesía africana comienza con un viaje a São Paulo, un lugar donde pasé mi infancia y a donde regresé en el año 2010 para trabajar y cursar algunas materias en la universidad. Gracias a este regreso, el primer poeta en entrar a nuestra selección, con el que además comienza el libro, fue José Craveirinha. Leí su poesía por primera vez por medio de la página web de Jayro Luna, un docente de Literatura colonial brasileña de la Universidad de São Paulo. A través de la sangre, los guerreros, la naturaleza y los ritos antiguos, la poesía de Craveirinha representa el sentimiento de su época y su país con expresiones de la identidad que elige radicalmente, donde se resiste el poder de Europa tomando la lengua del invasor y conduciendo sus mecanismos. Craveirinha fue un famoso preso político mozambiqueño encarcelado por la PIDE, el primer africano en recibir el premio Camões. Hijo de un  portugués y una mozambiqueña, escribe “A mi bello padre ex-emigrante”, un poema incluido en este libro. Usa la expresión “ex-emigrante”, pues su padre pasará a vivir en un país que ya no es una Provincia Ultramarina de Portugal, sino la patria por la que se rebela el hijo. Las repeticiones y los encabalgamientos de su poesía rechinan con las palabras hijas de su tierra. En este poema interpela a su padre, y con él, a la colonización ultramarina, afirmando que en Mozambique sus fados se africanizaron para siempre, como cayendo en una trampa, pero además con una lectura de los productos de la ignorancia y el racismo: a su padre le expresa el hastío por Tarzán, sus amigos el Gordo y el Flaco y Ricitos de oro, u otros personajes que lo ligan con el espectáculo de Occidente.

Las guirnaldas que arranca tienen su matriz en el capitalismo, donde no se han construido impedimentos suficientes para poner fin al sometimiento de la raza negra por parte de la raza blanca. En Craveirinha, prevalece la guerra infinita, los cuerpos de tiempos remotos que vierten sangre seca para reforzar los trazos de la armadura.

2

Fue Craveirinha y solo Craveirinha quien me dio la idea de armar una antología africana, porque en su poesía sobre la independencia de Mozambique hallé la historia de mi propia familia sudamericana. Crecí escuchando desde muy pequeño relatos de humillaciones racistas, pero además de resistencia, como la personificada por mi tío Quinho, un militante universitario negro que fue secuestrado y desaparecido durante la dictadura de Brasil. Mi viaje al país de mi infancia coincidió con muchos hallazgos de documentos respecto de su historia, que me entusiasmaron en la identificación con la poesía de esta primera fase de Craveirinha. Por lo menos me dio la idea de que debía empezar por ahí, por los chispazos, porque eso era el indicio de una cosa muy buena para mí, y que tal vez también lo sería para muchos de mis amigos y amigas de Argentina, a quienes les llevaría mis escalofríos.

3-

La suerte de leer la poesía de José Craveirinha se completó a través de una serie de emails que intercambiamos con Ademir Barros dos Santos, docente en la Universidad de Sorocaba, luego de una colaboración en la revista Por dentro de África sobre las Negritas de 25 de Mayo, un blackface hecho por niñas. A partir de algunas ideas y datos, le propuse a Ademir que me ayudara con una antología bilingüe de poesía africana de expresión portuguesa. Entonces surgió el amigo Nuno Rebocho, otro ex preso político igual que Craveirinha, que se incluye en esta antología, y que vive en Cabo Verde, pero que nació en Portugal. Nuno propuso algunos poetas que conocía y de los que seleccioné a partir de cierto material disponible. Elegimos a Olinda Beja (de Santo Tomé y Príncipe), Jaime Munguambe (Mozambique) y Abraão Vicente (Cabo Verde). De ellos diré que pertenecen a una generación posterior a la independencia de los países africanos lusófonos, que en estos días estarán cumpliendo cuatro décadas de independencia. Olinda es una poeta que se fue de Santo Tomé y Príncipe y actualmente es docente en Suiza. Colabora con nosotros con los poemas inéditos de À sombra do oká, una serie que evoca la nostalgia por la insularidad nombrando sus árboles, sus frutas y sus lugares próximos al mar, próximos también a otros lugares del mundo, envueltos por un hálito de honestidad que hace que sea uno de los mayores destaques de la antología, no sólo por tratarse de poemas inéditos, sino por el afecto que equilibra las fuerzas simbólicas de su isla tropical. “Ligarás tu corazón con el mío” es un verso de estos poemas que dio nombre al libro, en clara alusión a los dos continentes del mismo hemisferio.
Ya Abraão y Jaime pertenecen a la poesía contemporánea pura. En ellos está el mayor efecto del azar de este libro, a través de la mano de Nuno, uno de los compiladores ocultos de la antología, además del mencionado en el libro, Damián Lamanna Guiñazú.

El azar nos ha traído la noticia de que, en el mes de mayo, Jaime Munguambe recibió un premio de poesía otorgado por el Banco de Mozambique.
La reunión de estos cinco en una antología de una editorial artesanal del segundo cordón del Conurbano, traducidos colectivamente en el año 2015 (junto a Javier Nicodemo, Joaquín “Quinito” Díaz y Damián Lamanna Guiñazú), con ilustración de Ana Belén Barbieri y diseño de Gabriela da Costa, es azarosa y arbitraria, pero propone abrir el horizonte a las preguntas. Es también un acto de fe para pensar la transgresión de las fronteras, esas que se hacen densas a pesar y gracias al poder del lenguaje poético.






Glosario de José Craveirinha, creado por Editorial Simulcoop a pedido de sus lectores:
Zambeze: Río de África que desemboca en un delta en Mozambique.
Culucumba: (ronga) Dios, gran espíritu.
Xigubo: Desfile guerrero zulú.
Xipalapala: instrumento sagrado.
Maiela: Ciudad de Mozambique.
Tombasana: (ronga) Muchacha soltera.
Algarve: Región más meridional de Portugal continental.
Michafutene: Puesto administrativo (tipo de división adiministrativa del Imperio de Ultramar portugués) de Marracuene, en la provincia de Maputo.
Aljezur: Localidad portuguesa perteneciente al distrito de Faro.
Xituto: motorizado (en changana, idioma hablado al sur de Mozambique).
Gã-galhã-galhã: onomatopeya del barullo del carro eléctrico.
Zichacha: Proviene de Roberto Frederico Zichacha, último emperador del Imperio de Gaza, hoy Mozambique. Hay un campo de fútbol en su homenaje, cerca del lugar de nacimiento del poeta.
Mafalala: Barrio de la periferia de Maputo.
Quizumbas: Hiena.
Tanganhica: Gran lago africano entre Burundi, República Democrática del Congo (RDC), Zambia y Tanzania.
Bantú: Cualquier individuo perteneciente a los más de 400 grupos étnicos de pueblos melanoafricanos que hablan lenguas bantúes.

“Trinta-diabos”: Traducción de un libro para niños de Enid Blyton.
Suruma: marihuana, siendo los “surmáticos” quienes la fuman.
Suaíli: Idioma bantu.
Tchaca: Ciudad de la provincia de Tete, Mozambique.
Mahazul y Dingana: Jefes de la resistencia contra la ocupación portuguesa.
Árbol de Munhuana: Barrio de la ciudad de Maputo.
Rovuma al Incomati: Ríos de Mozambique.


Glosario Olinda Beja, creado por ella misma:
Bligá: juego tradicional (del portugués “brigar”, pelear).
Forro gíkiti: santomense genuino.
Lemba-lemba: planta rastrera de las playas.
Obô: Selva virgen, cerrada.
Ôká: árbol frondosa que alcanza los 50 m de altura. Su madera es ligera y sirve para hacer canoas y demás instrumentos.


Errores y consideraciones en los primeros 60 libros
A continuación presentamos una lista de defectos o puntos que deberían ir con una aclaración o nota al pie. En el caso de los primeros 60 libros vendidos, además encontramos algunos errores que deseamos que consideren para una lectura correcta de los poemas seleccionados.
1- En el poema “Quiero ser tambor”, se repiten los tres primeros versos en la versión en castellano.
2- En “A mi bello padre ex-emigrante”, ha quedado un verso que al menos requiere de una aclaración: “Bucha y estica” es el nombre que algunos países lusófonos adoptaron para comercializar a Laurel and Hardy. En otros países, como Brasil, se prefirió O Gordo e o Magro. En el mismo verso, “écran” es “pantalla”.
3- En el poema “En la sombra del Oká”, en el segundo verso, en lugar de “huevo” debería ir “hueso”.
4- Los siguientes versos presentan errores en el corte:
Poema
Idioma
Última palabra del verso
“Manifiesto”
Castellano
“(...) maíz”
“Preludio”
Castellano
“(...) caja”
“En la sombra del oká”
Castellano
“(...) Guadalupe”
“Preludio”
Portugués
“(...) caixa”
“En la sombra del oká”
Portugués
“(...) ossos”




Ligarás tu corazón con el mío: antología de poesía africana de expresión portuguesa - Edición bilingüe que reúne poemas de Jaime Munguambe (Mozambique), Olinda Beja (Santo Tomé y Príncipe), José Craveirinha (Mozambique), Abraão Vicente (Cabo Verde) y Nuno Rebocho (Cabo Verde) traducidos en un taller coordinado por Rodrigo Arreyes con la colaboración de Damián Lamanna Guiñazú. Ilustración de cubierta de Ana Belén Barbieri. $100.

viernes, 7 de marzo de 2014

Después de la superficie, de Damián Lamanna Guiñazú (Poesía)




Por Pamela Neme Scheij.


“No hay animal que no tenga 
un reflejo de infinito; / 
no hay pupila abyecta y vil 
que no toque/ el relámpago 
de lo alto, a veces tierno 
y a veces feroz”. 
Víctor Hugo, La leyenda de los siglos

Las realidades pueden rasparnos, adentro o afuera, en su polo positivo o en el más aparente negativo. Después de la superficie, primer poemario de Damián Lamanna Guiñazú, también raspa, aunque bien adentro y a la vez bien afuera de los seres y su medio, desde la metáfora más pura, al sentido más sensorial del verbo “raspar”. Editorial Simulcoop entendió este libro y le puso tapas con lija, lija ríspida, grabada bellamente, una raíz que sube, una flor que baja. El resto de los lectores debemos hacer ese mismo esfuerzo al leerlo, si deseamos entrar en la particular verdad de sus palabras. 

Mi idea de reseña supone inevitablemente la cita; entonces, aquí debería contarles mi perspectiva de Después de la superficie y anotar versos a modo de comprobación de mis dichos. Pero, ¿cómo se hace cuando todo te resulta indispensable? Leo, releo, subrayo, entro en un coma poético, releo otra vez y me asalta la idea de regalarles cada poema de las cuatro partes, incluso los grabados de las páginas que me atravesaron las retinas sin permiso. 

Entre la necesidad grandilocuente y las dudas, atajo la perplejidad como puedo y les cuento que de este poemario me impresionan ciertas miradas de pecho alto: “yo soy un pueblo lleno de limbos/ que por ahora no se calla/ lo que digo está enumerado en una pared/ lo que digo está adjudicado a una cosa/ y una cosa es una fantasía errada/ que puedo escribir en un abdomen/ o en el páncreas de una paloma de oro/ pura superficie”. La intimidad, el objetivismo y la crueldad de la existencia en ocho versos. 

También, quedo en una sonrisa de goce con imágenes como “arrugado un río/ desde el ojo lleva paisajes/ de sangre y nenes/ que antes jugaban juntos”, o bien, “tengo miedo/ y esa canilla se empeña/ en desafinar sobre las horas/ podría cortar/ todas las cuerdas/ o despertarte con un beso/ de hierro en la entrepierna”. 



Este libro me reafirma que el sentir y el pensar no se divorcian y que las palabras, siempre y cuando ganen terreno al automatismo, como aquí se logra, pueden, conscientes de su potencia, hablar de las realidades que transitamos y encarnar esas realidades mismas. “El hambre (…) es ponérsela sin forro a una desconocida/ y después hacerle el amor a tu novia/ mirándola a los ojos (…) es el miedo a que tu mamá/ trabaje limpiando casas/ un vaso amarronado en la cocina/ exclusivo para la soda tibia de tu propia limpiante (...) es usar la poesía para coger/ el hambre es usar la poesía/ y tirarla y no sentirla nunca/ pero hablar de amor en público”.

En los poemas de Después de la superficie hay células vivas, células llenas de intención y de conciencia de quién se es, o se puede ser; de lo que pretendemos al hacer los días, de lo que buscamos al decir como acción plagada del mismo consentimiento y desdén con que nos rasuramos zonas de nuestra piel, sabiendo que el vello volverá a crecer en el corto plazo.

No puedo poner fin a estos párrafos sin antes afirmar que Después de la superficiealberga uno de los más hermosos poemas que leí desde que fui alfabetizada. Les tiro el dato, se llama “Balance”.

Detalle
Editorial Simulcoop.
Publicado en 2013.
Por pedidos o información comunicarse acá.

jueves, 7 de noviembre de 2013

La mecánica de los días, de Melisa Papillo (Literatura, Poesía)



Por Pamela Neme Scheij.

“Y llevarse el resto para explorarse a uno mismo” declara el último verso de La mecánica de los días de Melisa Papillo, como cierre de un libro y aparente continuación del crecimiento poético, personal. Un cierre de etapa, que desmiente los cierres y sabe de la continuidad inevitable con que se madura y se nombra, entre el despojo y el duelo, cada aprendizaje.

Al leer este poemario, hay conceptos que se vuelven espalda de las imágenes simples, de la letra cercana, conceptos como: miedo, mandatos, amor, superficialidad, vergüenza, inconsciencia, negación de la inconsciencia, libertad. Cómo no imaginarse varios monstruos acorralados en una escritura obesa, de reflexiones macizas. Sin embargo, eso, justamente acá, no. Sólo abrir estas tapas rojas y negras para hallar que la poesía aún puede ser un pasadizo hacia la verdadera  comprensión de todas las existencias. Melisa Papillo aborda esas experiencias con las cuales nos sumergimos en la vida y emergemos de ella, a partir de la certeza y el silencio de quien desea nacer desde su propio cuerpo, de quien cree que eso es posible y hasta necesario a través de la poesía.

La mecánica de los días erige su interior en dos partes, en veintidós poemas, en dos ilustraciones removibles como fotos de álbumes antiguos. Allí, la sutileza más acertada con que pronunciarse a uno mismo: “El primer sentimiento de mi vida funda/ la génesis de una cadena/ de otros sentimientos. / El miedo/ a todo lo que estuviera fuera de mí/ y sobre todo dentro”. Así se presenta esa mecánica de los días que funcionará para activar al yo del final, quien aprendió de tanto apretar los dientes y se va para explorar.




La fundación emocional de la vida en el miedo, el mandato familiar de “esconder en la despensa/ lo que se come/ y guardar en el fondo/ lo que alimenta de verdad”, el miedo, entonces, a anunciar abiertamente lo que se vive, lo que fluye entre los escollos de la propia memoria: “todos tenemos un recuerdo/ que hace apretar fuerte el puño contra un hueso/ y pregunta ¿por qué?/ los guardé con la vergüenza de que salgan”, puja por desatarse desde el centro de estos poemas. Sin embargo, ellos no quedan atrapados en una valoración sobre la génesis del ser, ni en su maduración primaria; de ahí disparan a una búsqueda introspectiva que se alimenta de un afuera cotidiano y enorme, tan íntima y exacerbadamente como las personas sentimos desde nuestro adentro nuestro afuera.

De manera precisa y en línea con el tono sencillo, se recortan las historias de amor de dos como una percepción de lo que son: “Si me quedo con vos/es porque me enseñaste a robar/las bolsas del supermercado/y todavía confío en el juego que hacemos/de cerrar los ojos y que me guíes en la calle”, de lo que podrían haber sido: “creí verte entrar en la casa llena,/nuestros hijos correrían/vivos por esa mitad que dejaste”, o de lo que podrían ser: “Todos nos asomamos desde lugares/ que todavía no nos pertenecen”. Especialmente, de esa experiencia del amor para el sujeto que busca recrearse tras la espera y la resignación: “Fui sacando las letras de entre mis dientes/los espacios de mis muelas/y te armé este poema/para que sepas/que aprendí algunas cosas”.

En La mecánica de los días ocurre el mundo adentro y afuera; el propio de un yo que nombra, que recuerda, reflexiona y fantasea, el mundo que capta a los lectores hasta la puntita más escondida de nuestra espina.




Hace pocas semanas, en una tarde de poesía en una universidad del conurbano, leí en público la mayor parte de los poemas de este libro sincero y, al terminar, me pidieron, con ese tipo de ansiedad alegre que resalta las miradas, si podían verlo y tocarlo. Mientras lo hacían, percibí ciertas expresiones corporales que no podría explicar, sólo recuerdo una voz femenina que dijo: “gracias por leer esto, me llegó a un lugar que me hizo llorar”. Y yo confirmé elevando el pecho, en mi silencio más asertivo, que la poesía es aún un impulso exploratorio, una piel cálida que ofrece, desinteresada e instantáneamente, la comprensión.


Autora: Melisa Papillo
Editorial Simulcoop

lunes, 24 de junio de 2013


Comentario

Formas de la extranjería
Por  | LA NACION


Autora, entre otros, del libro de poemas Espacios naturales y del volumen Pollera pantalón, cuentos de género, Paula Jiménez España (Buenos Aires, 1969) acaba de publicar su octavo título. La vuelta narra una travesía a la vez territorial e interior, un desplazamiento transoceánico y también afectivo, una aventura que permite al personaje femenino que se perfila en los textos alejarse "de lo que había perdido/ su brillo original", sobre todo en lo referido a la relación amorosa.
Los poemas, que muestran el momento previo a la partida ("Qué vas a hacer ahora, preguntaste/ cuando salí del baño. Yo contesté: viajar") y el inmediato posterior al regreso ("Me invitaste a comer ni bien volví"), imitan el vaivén emocional de la protagonista, mujer enamorada de otra mujer.Noches de luna frente al mar, "más sola que los perros", o en la selva, luego de haber tomado "el jugo de una planta/ más amargo que el vino y concentrado/ como una medicina o un veneno", pausan el reencuentro y la salida de un estado de excepción, incomprendido hasta el momento en que termina.
La retórica de Jiménez España, en la que confluyen el tono coloquial de una conversación entre amigas que vuelven a verse luego de un tiempo y la lujuria verbal aplicada a los paisajes vividos, concede a la condición de extranjera una cualidad próxima y casi cognitiva: "Ahora pienso que el turismo miente/ que alguna gente se va para buscar/ lo que no tiene y otra/ se va para olvidar". La cuidada y artesanal edición de Simulcoop contiene ilustraciones de Ana Belén Barbieri.
  • La vuelta
    Paula Jiménez
    España
    Simulcoop
    60 páginas
    $ 80

miércoles, 22 de mayo de 2013

Carlos Battilana en Pan y Arte presentando La vuelta de Paula Jiménez España


(En: Pan y Arte, Boedo, 9 de mayo de 2013)

         La vuelta, de Paula Jiménez España, narra las peripecias de un viaje y distingue dos modos de estar en lugares extraños y, hasta ajenos, a los del propio ámbito. La mirada del turista es aquella que acumula postales sin salir de los perímetros cómodos de la casa; casi como si no hubiera viajado, el turista se aferra a su mundo y se desplaza en el sosegado territorio de sus costumbres y, tan sólo, casi como una jactancia burguesa y cierta dosis de envanecimiento, concede mirar lo que acontece afuera con los prismáticos de su quietud. La mirada del turista se contrapone, claramente, a la del viajero. La condición del viajero es la del explorador, y forma parte del espíritu de aquel que se deja llevar por el azar y el afán de un conocimiento que lo arrobe, o para usar un juego de palabras, que le robe parte de sus certezas. Pero viajar también consiste en olvidar, deshacerse de las cosas del pasado que pesan como destartalados bártulos en las grietas de la memoria y el corazón. Sus efectos, que también pueden tener marcas físicas (el sudor, las lágrimas, las arrugas) se sumergen en un agua novísima que, si bien no desaloja del todo los recuerdos de la felicidad y el dolor, al mismo tiempo proponen un flamante punto de vista que nos sitúa en una perspectiva distinta. Ese movimiento ya es un viaje, un desplazamiento que nos colma, de alguna manera, de esperanza, e incorpora una nueva temporalidad en el horizonte, la de los días por venir.

Si hablamos de “vuelta”, este poemario de Paula Jiménez España evoca, a través de su título, a otros viajes de la tradición literaria, desde la Odisea hasta los itinerarios aéreos, subterráneos y submarinos del gran Verne. Voy a mencionar un viaje caro a nuestra cultura que, precisamente, se denomina de la misma manera: La vuelta de Martín Fierro. Antes del regreso de las tolderías, antes de su vuelta, Fierro junto con su amigo Cruz, emprenden un viaje de ida hacia lo desconocido y, en esa primera, y notable parte, se despiden de un espacio destinado a lo que la tradición liberal llamará la “civilización”, en busca de lo que conservaba aún el nombre de una otredad negativa: la barbarie. O aquello que supera la barbarie, pues el sitio hacia el que se dirigen es la otredad más allá de la cercana y prevista por la civilización liberal encarnada en la figura del gaucho; esta otredad otra es la del aborigen. Los dos amigos, entonces, deciden no sólo huir, olvidar los avatares policiales y los conflictos personales con los que han convivido durante mucho tiempo (la mala vida llamaría Paula a esta experiencia), sino emprender el viaje hacia el territorio del mal. La nostalgia todavía los envuelve y, en una de las escenas más tristes y conmovedoras de nuestra literatura, Hernández cuenta el acontecimiento con gran destreza artística: “(…) y pronto, sin ser sentidos,/ por la frontera cruzaron.//Y cuando la habían pasao,/ una madrugada clara/ le dijo Cruz que mirara/ las últimas poblaciones;/ y a Fierro dos lagrimones/ le rodaron por la cara.” El mal debe entenderse con comillas, concebido como la otra cara de la moneda, el lado oscuro y fascinante que lleva a desenmascarar los diversos pilares en los que se asentaban el saber y la cultura de la época. En esta dirección, pero en otro contexto cultural, el mal paradigmático que imaginó la poesía moderna es, en verdad, el “mal” benefactor de las flores enfermizas y la temporada infernal, un mal que conmovió el imaginario bienpensante del que no ha comerciado lo suficiente con cosas atribuidas a Satán: “Lector apacible y bucólico/ sobrio e ingenuo hombre de bien/ tira este libro saturnal (…)/ Si no has estudiado retórica/ con Satán (…)/ tíralo”. Sin falsos manierismos, esa poesía nos educó en la desolación, pero también en la abolición de las certezas, y habilitó un viaje donde se tatuaba la experiencia  en el cuerpo y el espíritu.

 Con ojos renovados, con la mirada un poco más sabia, la persona que vuelve de un viaje transformador es capaz de tocar aquello que la ha conmovido. “Estar de vuelta” es un cliché, una frase hecha que entraña sabérselas todas, conocer las trampas, las vicisutudes o las picardías que provee el lapso de una vida. En este libro de Paula Jiménez España es distinto. Lo que significa “estar de vuelta” es la posibilidad de enunciar, pero ya lejos de la jactancia y el saber abstruso. Por fin el yo que enuncia podrá narrar, a veces literalmente, otras en forma de analogía y metáfora, aquello que lo ha conmovido de manera capital. Ese dolor de fondo, bautizado en la inmersión de un viaje exploratorio en el afuera y el adentro, no es un indicio del que se regodea con la melancolía, sino un signo de vitalidad, un signo benefactor: “Por muchos días/ las imágenes de aquella noche/ quedaron en mi corazón/ lo hicieron dulce como los duraznos/ que brotan en la rama y se deshacen/ en la boca sagrada de la vida/ después de cada invierno”.

            El viaje, o la naturaleza de este itinerario que emprende Paula Jiménez España, se define como un “viaje aventurero”. Una actividad, la del viaje, que puede regodearse en el cosquilleo de la aventura, pero que, muchas veces, adquiere la fuerza de la voluntad y el arrojo. En clave personal, haciendo de la valentía un tópico secreto, La vuelta postula la ruptura del aire anodino de la costumbre y propone un periplo que recoge piedras y tesoros del pasado y, también, se aligera: el viaje de la experiencia y el del despojamiento supone, en este caso, un lenguaje sustentado en las virtudes de la claridad y la comunicabilidad, formas arduas de los mejores poetas. Podemos entrever otro viaje, además de los mencionados, el viaje gnoseológico. “Quería conocer lo nuevo” afirma la poeta. ¿Qué será lo nuevo? “En la cumbre de ola de lo nuevo es donde se refugia lo antiguo, pero en su ruptura, no en su continuidad” decía Thedor Adorno. ¿Qué será lo nuevo? Lo oscuro del misterio. La metabolización de la experiencia. Aquellas zonas que desconocemos de sí y del otro, lo que apenas sospechamos, un viaje que emprendemos a las arenas movedizas de la incertidumbre, una fe que atraviesa las aguas del río de Heráclicto, el río del cambio, que puede hacer más cierto nuestro estreno en los avatares de la alegría.

Dijimos que este viaje tiene el propósito de la aventura y el conocimiento, pero no deja de iniciarse como un acto de la voluntad. La voluntad, una noción, a veces, ensombrecida o que, a menudo, carece de buena prensa, implica el brío del que desea vivir, y el esfuerzo en romper con aquello establecido y ya distante de la vivacidad. Conocer lo nuevo, alejarse de lo que ya ha perdido el brillo original es, no sólo presentir un malestar, sino comprender que viajar a otra parte es abrir una puerta a las infinitas formas de lo desconocido, confiar, ahora sí, en la improvisación como hoja de ruta del deseo, de eso oscuro que anhelamos desde antiguo.

Carlos Battilana