Mostrando entradas con la etiqueta paula jiménez españa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paula jiménez españa. Mostrar todas las entradas
jueves, 4 de julio de 2013
lunes, 24 de junio de 2013
Comentario
Formas de la extranjería
Por Daniel Gigena | LA NACION
Autora, entre otros, del libro de poemas Espacios naturales y del volumen Pollera pantalón, cuentos de género, Paula Jiménez España (Buenos Aires, 1969) acaba de publicar su octavo título. La vuelta narra una travesía a la vez territorial e interior, un desplazamiento transoceánico y también afectivo, una aventura que permite al personaje femenino que se perfila en los textos alejarse "de lo que había perdido/ su brillo original", sobre todo en lo referido a la relación amorosa.
Los poemas, que muestran el momento previo a la partida ("Qué vas a hacer ahora, preguntaste/ cuando salí del baño. Yo contesté: viajar") y el inmediato posterior al regreso ("Me invitaste a comer ni bien volví"), imitan el vaivén emocional de la protagonista, mujer enamorada de otra mujer.Noches de luna frente al mar, "más sola que los perros", o en la selva, luego de haber tomado "el jugo de una planta/ más amargo que el vino y concentrado/ como una medicina o un veneno", pausan el reencuentro y la salida de un estado de excepción, incomprendido hasta el momento en que termina.
La retórica de Jiménez España, en la que confluyen el tono coloquial de una conversación entre amigas que vuelven a verse luego de un tiempo y la lujuria verbal aplicada a los paisajes vividos, concede a la condición de extranjera una cualidad próxima y casi cognitiva: "Ahora pienso que el turismo miente/ que alguna gente se va para buscar/ lo que no tiene y otra/ se va para olvidar". La cuidada y artesanal edición de Simulcoop contiene ilustraciones de Ana Belén Barbieri.
- La vuelta
Paula Jiménez
España
Simulcoop
60 páginas
$ 80
miércoles, 22 de mayo de 2013
Carlos Battilana en Pan y Arte presentando La vuelta de Paula Jiménez España
La vuelta, de Paula Jiménez
España, narra las peripecias de un viaje y distingue dos modos de estar en
lugares extraños y, hasta ajenos, a los del propio ámbito. La mirada del
turista es aquella que acumula postales sin salir de los perímetros cómodos de
la casa; casi como si no hubiera viajado, el turista se aferra a su mundo y se
desplaza en el sosegado territorio de sus costumbres y, tan sólo, casi como una
jactancia burguesa y cierta dosis de envanecimiento, concede mirar lo que
acontece afuera con los prismáticos de su quietud. La mirada del turista se
contrapone, claramente, a la del viajero. La condición del viajero es la del
explorador, y forma parte del espíritu de aquel que se deja llevar por el azar
y el afán de un conocimiento que lo arrobe, o para usar un juego de palabras,
que le robe parte de sus certezas. Pero viajar también consiste en olvidar,
deshacerse de las cosas del pasado que pesan como destartalados bártulos en las
grietas de la memoria y el corazón. Sus efectos, que también pueden tener
marcas físicas (el sudor, las lágrimas, las arrugas) se sumergen en un agua
novísima que, si bien no desaloja del todo los recuerdos de la felicidad y el dolor,
al mismo tiempo proponen un flamante punto de vista que nos sitúa en una
perspectiva distinta. Ese movimiento ya es un viaje, un desplazamiento que nos
colma, de alguna manera, de esperanza, e incorpora una nueva temporalidad en el
horizonte, la de los días por venir.
Si hablamos de “vuelta”, este poemario de Paula Jiménez España evoca,
a través de su título, a otros viajes de la tradición literaria, desde la
Odisea hasta los itinerarios aéreos, subterráneos y submarinos del gran Verne. Voy
a mencionar un viaje caro a nuestra cultura que, precisamente, se denomina de
la misma manera: La vuelta de Martín Fierro. Antes del regreso de
las tolderías, antes de su vuelta, Fierro junto con su amigo Cruz, emprenden un
viaje de ida hacia lo desconocido y, en esa primera, y notable parte, se
despiden de un espacio destinado a lo que la tradición liberal llamará la
“civilización”, en busca de lo que conservaba aún el nombre de una otredad
negativa: la barbarie. O
aquello que supera la barbarie, pues el sitio hacia el que se dirigen es la
otredad más allá de la cercana y prevista por la civilización liberal encarnada
en la figura del gaucho; esta otredad
otra es la del aborigen. Los dos amigos, entonces, deciden no sólo huir,
olvidar los avatares policiales y los conflictos personales con los que han
convivido durante mucho tiempo (la mala
vida llamaría Paula a esta
experiencia), sino emprender el viaje hacia el territorio del mal. La nostalgia
todavía los envuelve y, en una de las escenas más tristes y conmovedoras de nuestra literatura ,
Hernández cuenta el acontecimiento con gran destreza artística: “(…) y pronto,
sin ser sentidos,/ por la frontera cruzaron.//Y cuando la habían pasao,/ una
madrugada clara/ le dijo Cruz que mirara/ las últimas poblaciones;/ y a Fierro
dos lagrimones/ le rodaron por la
cara.” El mal debe entenderse con comillas, concebido como la
otra cara de la moneda, el lado oscuro y fascinante que lleva a desenmascarar
los diversos pilares en los que se asentaban el saber y la cultura de la época. En esta
dirección, pero en otro contexto cultural, el mal paradigmático que imaginó la
poesía moderna es, en verdad, el “mal” benefactor de las flores enfermizas y la
temporada infernal, un mal que conmovió el imaginario bienpensante del que no
ha comerciado lo suficiente con cosas atribuidas a Satán: “Lector apacible y
bucólico/ sobrio e ingenuo hombre de bien/ tira este libro saturnal (…)/ Si no
has estudiado retórica/ con Satán (…)/ tíralo”. Sin falsos manierismos, esa
poesía nos educó en la desolación, pero también en la abolición de las certezas,
y habilitó un viaje donde se tatuaba la experiencia en el cuerpo y el espíritu.
Con ojos renovados,
con la mirada un poco más sabia, la persona que vuelve de un viaje
transformador es capaz de tocar aquello que la ha conmovido. “Estar de vuelta” es
un cliché, una frase hecha que entraña sabérselas
todas, conocer las trampas, las vicisutudes o las picardías que provee el
lapso de una vida. En este libro de Paula Jiménez España es distinto. Lo que significa
“estar de vuelta” es la posibilidad de enunciar, pero ya lejos de la jactancia
y el saber abstruso. Por fin el yo que enuncia podrá narrar, a veces
literalmente, otras en forma de analogía y metáfora, aquello que lo ha
conmovido de manera capital. Ese dolor de fondo, bautizado en la inmersión de
un viaje exploratorio en el afuera y el adentro, no es un indicio del que se
regodea con la melancolía, sino un signo de vitalidad, un signo benefactor: “Por
muchos días/ las imágenes de aquella noche/ quedaron en mi corazón/ lo hicieron
dulce como los duraznos/ que brotan en la rama y se deshacen/ en la boca
sagrada de la vida/ después de cada invierno”.
El viaje, o la naturaleza de este itinerario
que emprende Paula Jiménez España, se define como un “viaje
aventurero”. Una actividad, la del viaje, que puede regodearse en el cosquilleo
de la aventura, pero que, muchas veces, adquiere la fuerza de la voluntad y el
arrojo. En clave personal, haciendo de la valentía un tópico secreto, La vuelta postula la ruptura del aire
anodino de la costumbre y propone un periplo que recoge piedras y tesoros del
pasado y, también, se aligera: el viaje de la experiencia y el del
despojamiento supone, en este caso, un lenguaje sustentado en las virtudes de
la claridad y la comunicabilidad, formas arduas de los mejores poetas. Podemos
entrever otro viaje, además de los mencionados, el viaje gnoseológico. “Quería
conocer lo nuevo” afirma la poeta. ¿Qué será lo nuevo? “En la cumbre de ola de
lo nuevo es donde se refugia lo antiguo, pero en su ruptura, no en su
continuidad” decía Thedor Adorno. ¿Qué será lo nuevo? Lo oscuro del misterio. La
metabolización de la
experiencia. Aquellas zonas que desconocemos de sí y del
otro, lo que apenas sospechamos, un viaje que emprendemos a las arenas movedizas
de la incertidumbre, una fe que atraviesa las aguas del río de Heráclicto, el
río del cambio, que puede hacer más cierto nuestro estreno en los avatares de
la alegría.
Dijimos que este viaje tiene el propósito de la aventura y
el conocimiento, pero no deja de iniciarse como un acto de la voluntad. La voluntad,
una noción, a veces, ensombrecida o que, a menudo, carece de buena prensa , implica
el brío del que desea vivir, y el esfuerzo en romper con aquello establecido y
ya distante de la
vivacidad. Conocer lo nuevo, alejarse de lo que ya ha perdido
el brillo original es, no sólo presentir un malestar, sino comprender que
viajar a otra parte es abrir una puerta a las infinitas formas de lo
desconocido, confiar, ahora sí, en la improvisación como hoja de ruta del
deseo, de eso oscuro que anhelamos desde antiguo.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Adelanto de ilustraciones para La vuelta de Paula Jiménez España, por Ana Barbieri
A fin de estimular el misterioso futuro, compartimos algunas de las ilustraciones creadas por Ana Barbieri para La vuelta (poesía) de Paula Jiménez España. Además, cada día falta menos para el lanzamiento de nuestra próxima publicación espiritual: La mecánica de los días (poesía), por Melisa Papillo.
----------
viernes, 24 de agosto de 2012
La vuelta (poesía) de Paula Jiménez España, próximamente por Editorial Simulcoop
¿Qué historia cuenta La vuelta (2013, Editorial Simulcoop)?
Cuenta la historia de los años más jóvenes. Una mirada desde la adultez a esos años que siguen nutriendo el presente, afectándolo. Y no porque hayan sido traumáticas las experiencias tempranas sino porque el tipo de intensidad que tiene la juventud sirve precisamente para darle una fuerza direccional al resto de la vida, un empujón potente que te orienta hacia determinado lado y del que no te podés - ni debés - desentender nunca. Sos quien fuiste y a su vez quien ya no sos. De eso se trata La vuelta. Si yo no fuera aún quien fui ni siquiera me preocuparía por revisar mi pasado, si lo reviso es porque ahí hay algo que todavía me explica, me justifica, me hace comprenderme en la actualidad.
Entonces La vuelta es un viaje al pasado en vez de un viaje a lo desconocido. ¿Volver es posible más allá del concepto?
Creo que lo digo en el último poema: es una vuelta sobre los pasos propios. Ese es el único concepto. Echar la mirada hacia atrás y ver el viaje que se hizo, que se sigue haciendo. Y no hay imposibilidad en eso, todo lo contrario, lo único que hay es posibilidad. La idea de imposibilidad en verdad viene de la aspiración a un ideal inalcanzable, imposible, algo con lo cual nos medimos y salimos perdiendo, claro. En cambio la posibilidad es la libertad. Y la libertad solo es posible si conocemos nuestros límites. Desde ese lugar escribí estos poemas. Desde el sentimiento de que algo en mí maduró y reviso todo el camino hasta llegar a este momento.
¿Tiene algún significado especial poder lanzar tu obra en el lugar en que creciste?
Sí, muchísimo significado. No te voy a decir cuál porque es una cosa íntima. Pero sí te voy a decir que me parece cosa de mandinga que el libro se esté lanzando en el mismo lugar donde transité mi juventud, que no es capital, donde siempre sucede todo. Es El Palomar, es Caseros, es el lugar del que me tuve que ir para poder olvidar y sentir que empezaba de nuevo.
¿Esto marca alguna diferencia respecto a tus anteriores obras?
Sí, claro. Creo que el destino se encargó de que en lo fáctico yo diera una vuelta también con mi propia escritura y me dedicara a escribir sobre algo que yo creía que había quedado en el tiempo; con un lenguaje simple más cercano a La casa en la avenida, mi segundo libro - que habla también de mi infancia y mi juventud- que a Espacios naturales, el último. Una vuelta completita. En ese sentido es un punto de inflexión de mi obra. El destino me conectó con un grupo de jóvenes artistas que me ayudan a dar esa vuelta sobre mis propios pasos y a cerrar un ciclo, ¿no es maravilloso? Era una vuelta que por mí misma no hubiera podido dar. ¿Y ven? Es otra vez la juventud la que da ese empujón decisivo en mi vida. Estoy muy agradecida. En la juventud y en la creatividad las cosas se hacen con el corazón.
Paula Jiménez es periodista, escritora y psicóloga. En poesía publicó “Ser feliz en Baltimore” (Nusud 2001), “Formas”, libro y cd (Terraza 2002), “La casa en la avenida” (Terraza 2004), con el que obtuvo en 2003 una mención del Fondo Nacional de las Artes, “La mala vida” (Bajo la luna, 2007), la plaqueta “Los pájaros” (Color pastel, 2007) , “Ni jota” (Abeja Reina, 2008) y “Espacios naturales” (Bajo la luna, 2009), por el que recibió el Primer Pemio del Fondo Nacional de las Artes en 2008. En 2007 obtuvo una mención del Fondo Nacional de las Artes, esta vez por “Sosiego”, libro de poemas aún inédito. En 2006 recibió el Primer Premio Nacional de Literatura Tres de Febrero y el Hernández de Plata en categoría Poesía y en 2008 el Segundo Premio Nacional de Literatura Tres de Febrero. Sus cuentos “Aventuras de Eva en el planeta” (2005) y “La calle de las alegrías” (2006) fueron editados en Barcelona (Serena Ediciones). Por “Mariquita Sánchez” recibió en 2007 el 2º Premio de relato corto LGBT de Hegoak (País Vasco). Integró el consejo editorial de las editoriales “Nusud” y “Abeja reina”. Textos suyos integran diversas antologías argentinas, españolas e hispanoamericanas, entre ellos Animales distintos (España, México y Argentina, 2008) y Voces para Lilith (Estruendomudo, 2012). Como crítica literaria escribió para las revistas “Hablar de poesía” (Argentina) y “La estafeta del viento” (España). Colabora con el suplemento “SOY” de Página/12. Coordina talleres de escritura desde 2001.
lunes, 16 de julio de 2012
Hace una semana y dos días
Separadamente y filtrados por el frío fuimos llegando los integrantes del cuerpo de Editorial Simulcoop al Centro Cultural y Político Néstor Kirchner, en Morón sur. La unidad básica estaba hermosa, la gente se arremolinaba en la barra y también en la parrillita, nosotros mientras tanto, preferimos quedarnos en la puerta, bajo un cartel dañado que mostraba un nombre y una foto arrancados por alguien, otra noche.
El foquito no daba más de encanto, los watts eran los justos y entramos. Ahí leímos. Me tocó abrir las lecturas bajo un silencio respetuoso que se mantuvo a lo largo de la noche, claro, así es más fácil -todo viene de regalo-; me mandé. Leyó Damián Lamanna Guiñazú sus poemas ante motores de colectivos que pasaban por afuera y su tono se impuso. Miraditas de por medio, anotados en un papel, leyeron ríos de gente que desembocaron milagrosamente en buen puerto. Arribó Rodrigo Arreyes, fue imprevista su llegada y al igual que con su poesía embolsó gatos en medida justa. Hubo más silencio y entre que la lectura concluía, el viaje siguió con Paula Jiménez. Nos dejó a mitad de todo, expectantes, con partes de "La vuelta". Terminamos. Escritores escriban, lean, punch.
sábado, 30 de junio de 2012
Etiquetas:
Centro Cultural y Político Néstor Kirchner,
Damián Lamanna Guiñazú,
distribución espiritual,
fiesta,
Lecturas,
mor,
paula jiménez españa,
quinito díaz,
Rodrigo Arreyes
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







